Prehistoria del Taller de Composición del CSMMF

Cuarta parte (1987)

  Los dos años anteriores habían sido muy provechosos. Experimentamos, creamos, produjimos, reflexionamos y comunicamos, e incluso había escrito mi primer artículo para una revista de “Juventudes musicales de la Argentina”, de distribución gratuita en los conservatorios. Con una “Olivetti” a la que atacaba con un solo dedo: el medio de la mano derecha, dudosa y única habilidad que aún practico, pero con mayor destreza.

  La cuestión es que, como expuse, se trataba de un proceso cerrado. Hay trayectos pedagógicos que tienden a desarrollarse, algunos decaen y se diluyen y también hay otros que nos dejan al borde de una fundación, éste era mi caso. Con el tiempo aprendí que la creación pedagógica y la composición son parte de un territorio artístico indivisible, cuyo núcleo es la conducta de búsqueda para descubrir esa inquietud paciente y constante en tensión con el conformismo y el posibilismo. A veces exageradamente quijotesca pero nunca oportunista.

  Así, en febrero de 1987, le presenté al director del Conservatorio, como habíamos acordado, el proyecto del Taller de Composición de Música Popular Instrumental. El primer punto fue que el término “popular” no se refería a géneros tradicionales sino a un antielitismo, quizá fue el primer esbozo de la idea de músicas comunicativas en relación con la contemporaneidad. Otros puntos señalaban la improvisación, la creación colectiva, la composición como integradora de músicos de distintas extracciones e historias, la matriz tiempo espacio como amplitud dimensional, la producción de conceptos como base de la indagación sonora, la elaboración de apuntes como aproximación teórica, la apertura de los instrumentos para salir de roles fijos, la producción final no improvisada sino en situación de esbozo compositivo, etc. etc.

   En marzo, la Dirección del Conservatorio, conducida por el Mtro. Augusto Rattenbach, aprueba el proyecto y comenzamos a difundir la inscripción para el Taller de Composición de Música Popular Instrumental, que pertenecía al Conservatorio Municipal de Música “Manuel De Falla”.

   La palabra “taller”, que aún no estaba de moda para nombrar a cualquier tipo de experiencia de superficie, contenía el concepto pedagógico de construir en conjunto conocimiento sobre la reflexión de las prácticas. Pero sólo tomó sentido por la necesidad urgente de metodología. ¿Cómo surgió esa necesidad?

  La gran cantidad de inscriptos, 92 y sin audiciones de ingreso, me obligó sin vueltas a inventar ejercitación, a comenzar a organizar la fluctuación programática. En el colectivo 37, Lanús – Plaza Italia, elegí una poesía de Oliverio Girondo con potencia rítmica. In situ armé tríos, cuartetos y quintetos, los distribuí en aulas del sexto y séptimo piso del Conservatorio y se trabajó bajo la consigna: improvisación sin bases rítmicas predeterminadas  ni pactos armónicos, experimentar hacia una pequeña producción grupal final.

  Visité cada aula varias veces durante cuatro horas, impulsando, incentivando, motivando, introduciendo ideas, sugiriendo. Siempre pensando ¿Cómo lo haría yo, en esa situación de encuentro con desconocidos?.  Hubo un final para cada grupo, un primer paso, rebosante de ese cansancio extremo y bueno de la creación.

  Los músicos y músicas del curso de “Intercambio…” que seguían con sus proyectos compositivos en turno posterior, pero que ahora eran parte del Taller, fueron mis interlocutores, o generosos bomberos de mi incendio.

  Y luego, en el bar de Liberarte, escribí en mi cuaderno rojo telaraña, apuntes de lo sucedido y el ejercicio del sábado siguiente. Había nacido la construcción metodológica.

  El Taller de Composición de Música Popular Instrumental del CMMMF se fundaba, pero yo aún no era profesor de la Institución.

                                                                      (continuará)