Prehistoria del Taller de Composición del CSMMF

Tercera parte (1986)

  Si hay algo extraordinario en la construcción pedagógica, eso es comprender el sentido del camino. En la complejidad de sus propias contradicciones.

   Más allá de marcos teóricos, de hipótesis, de tesis, de análisis y elaboraciones, llega un momento que el cuerpo, el pensamiento y la acción crean un territorio a transitar, incierto pero que tiende a la realización. Praxis.

  Tanto en composición como en pedagogía uno aprende que la incertidumbre es un estado fraternal y cotidiano en toda búsqueda creativa. La seguridad se basa en la reproducción del pasado. La cuestión es que el trabajo artístico en el presente genera nuevas relaciones, intersecciones y tensiones con el pasado. No lo reformula, lo modela, lo pone en función.

  En marzo de 1986, cuando seguimos con el curso de “Intercambio…..”, sentía que caminaba, acumulaba y proyectaba. Se sumaron estudiantes o, mejor dicho, músicos y músicas jóvenes. Pero no establecimos dos años o niveles sino que aceleramos la inclusión de los “nuevos”, sin disolver los grupos estables anteriores. Trabajábamos creaciones colectivas o sobre propuestas individuales que desarrollaba el grupo, no había ejercicios ni exploración sonora de conceptos. Me sentía cómodo con la idea de pequeña comunidad creativa, éramos 20, incluyendo a Pastor y a mí.

  El curso funcionaba los sábados del 16 a 20 hs. en aulas del Conservatorio, luego en bares o casas donde seguíamos conversando y escuchando músicas que yo llevaba. La temática central era la espacialidad, como alternativa a la tierra y a la marcación  estática.

  Pero, aunque había producción, muestras y grabaciones artesanales de lo expuesto, la pedagogía que no se desarrollaba y la metodología inexistente generaron un vacío que fue ocupado por cierta religiosidad o sistema de creencias, que aproximó a esa “pequeña comunidad creativa” al formato de “secta”. El círculo cerraba y el curso agonizaba. Fue duro comprender que ya no acumulaba y que, si quería continuar, proyectar era cambiar.

  Poco tiempo antes de esta saludable crisis, asume como Director del Conservatorio el Mtro. Augusto Rattenbach, personaje central de este relato. Una de sus primeras inquietudes fue averiguar por qué los sábados el Conservatorio y su sala de instrumentos estaba a mi cargo, si yo no era profesor de la Institución. Su superior, el Mtro. Roque De Pedro (DGART) le explicó, como pudo, y el nuevo Director me citó.

  Luego de las presentaciones, el nudo del diálogo fue el siguiente:

Rattenbach _  Yo pienso que esto de los cursos creativos es una masturbación. (Recordar, como expuse en la primera parte, que era un tiempo inaugural de no formalidades educativas públicas novedosas).

Yo _ Bueno, mañana te traigo el semen. (Y me fui, a pesar de su insistencia para que permanezca).

  Al día siguiente le entregué 3 casetes con grabaciones de lo producido.

  Los escuchó, me citó, conversamos largamente, dentro de su autoimpuesta distancia se percibía el entusiasmo. Comenzó a venir los sábados, para ver y escuchar. Luego me propuso encuentros semanales para charlar sobre música popular, sobre otras pedagogías, sobre política, etc..

   Yo estaba pensando un cambio, él quería que eso que estaba proyectando fuera parte de la estructura del Conservatorio.

   Así fue naciendo el Taller de Composición de Música Popular Instrumental del Conservatorio Municipal de Música “Manuel De Falla”.

                                                                                         (continuará)