Tenemos que hablar del público, antes que desaparezca. Especialmente el público de música instrumental. Polemicemos……

  Ud. dirá: “y…. decrece por la crisis económica y la pérdida del poder adquisitivo”.

  Le respondo que es cierto, que conozco bares donde hay más músicos en escena y aguardando su turno para tocar que gente escuchando. Pero también señalo que, muy cerca de esos bares, hay despachos de cerveza artesanal, incómodos pero repletos de gente que alguna vez fue público.

  Ud. planteará: “bueno…. en épocas duras la gente prefiere distraerse, entretenerse, olvidarse por un rato de la angustia cotidiana.”

  Le contesto con una frase de Bertold Bretch “el arte cuando es bueno siempre es entretenimiento”. Y que, hablando de épocas mucho más duras y oscuras, en la dictadura cívico militar los grupos de música instrumental convocaban a una buena cantidad de público.

  Ud. reflexionará: “pero ahora hay más músicos que antes, más competencia.”

  Le digo que si cuenta a los músicos aficionados puede ser, pero la cantidad de músicos semiprofesionales y profesionales es similar a esa etapa, cuando no se exponían los aficionados. Además, si existiera un público real, por supuesto no masivo pero tampoco ultraminoritario, la competencia no sería un problema porque, en esta zona expresiva, la calidad tiende a imponerse. Y si la música está bien compuesta y comunicada, todos se benefician porque el público crece y circula.

  Ud. dudará: “quizá falla la difusión, las formas de construcción de público, o falta que los músicos se organicen, se ayuden multiplicando la convocatoria, no superponiendo fechas.”

  Le doy la razón. Así como la crisis, esta es otra pata del problema. Hay un inmediatismo y una sobreexposición de alta inorganicidad, que obstruye la posibilidad de pensar la época y diseñar estrategias. Con las redes sociales no alcanza, como tampoco ayudan las maratones de grupos con la ilusión aritmética de sumar seguidores de cada uno de ellos.

  Ud. comentará: “como dicen: un problema siempre tiene tres patas ¿Puede tener que ver con la música en sí? Eso de bien compuesta y comunicada.”

  Le confieso, con pesar, que esa puede ser la tercera pata. Hace bastante tiempo que nuestra escena está sobrecargada y superpoblada de grupos de improvisación. Y las propuestas estético compositivas se han vuelto minoritarias, incluso algunas de ellas son intervenidas por improvisaciones que desequilibran su estructura, fisurando su cohesión compositiva y expresiva. Se trata de una confusión entre libertad (“free”) gestual instrumental de superficie y libertad creativa para la búsqueda de profundidad. La distancia entre ambas es el trabajo, la paciencia y la artesanía lingüística.

  Ud. preguntará, alarmado: “¿Acaso me está hablando de un proceso de destrucción de público?”

  Le contesto, con tristeza, que es posible. Hay demasiada gente que se aburrió hasta el hartazgo durante esas excesivas sesiones improvisatorias mientras los músicos se entretenían y hasta se divertían. Y toda ruptura entre escena y público es un fracaso comunicativo.

  Luego, se multiplican los prejuicios sobre toda la música instrumental.

  Finalmente, se llenan los incómodos despachos de cerveza artesanal. (Por ahora).

                                                                                                            Octubre de 2018