Es usual establecer, con estudiantes avanzados de carreras artísticas universitarias, el siguiente diálogo:

Yo – ¿Cómo va tu carrera, qué te falta para egresar?

Estudiante (con un gesto de resignación e impotencia) – Me falta la tesis.

La cuestión es que al final de una formación profesional, más o menos creativa, aparece esta especie de injerto protocolar universitario que, hoy por hoy, sólo sirve para obstaculizar los egresos.

Está claro que, en casi todas las carreras no artísticas, es imprescindible y está articulada con el trayecto, a través de continuas aproximaciones y realizaciones investigativas.

Volviendo a nuestro campo, la tesis pareciera ser la única diferencia entre la educación artística universitaria y la educación artística superior. Quizá por eso se inserta, mecánicamente ¡Al final!

En música, por ejemplo, sigue sin resolverse el centro neurálgico de la formación, que es la profundización transformadora del instrumentista en músico creativo y éste en artista. Sin embargo, en lo universitario, se les pide concluir “intelectualizando”.

¡A la formación le faltan hipótesis pero a los estudiantes se les exigen tesis!

Claro que el pensamiento y la acción artísticos conducen a distintos niveles de intelectualización sobre estética, metodologías, comunicación, tramas sociopolíticas, condiciones de trabajo, comercialización y mercado, diversidades instrumentales y discursivas, materiales temporales y espaciales, tecnologías, contenidos y formas estructurales, etc., etc.

Pero se trata de resultantes del trayecto de producción creativa y reflexiva que sucede en el tiempo profesional y/o semiprofesional de lo escénico, de las grabaciones y sus plataformas de exposición, incluso de la docencia. De vivir las condiciones laborales reales y las estrategias de proyección, difusión e inserción, con sus adversidades y logros.

Por eso la “intelectualización” prematura es un formalismo a completar, un trámite incómodo. Y los estudiantes no merecen terminar así un arduo y trabajoso camino, sin la mínima preparación en el ensayo literario.

Si nos preguntamos básicamente ¿Cómo debería egresar un estudiante de una disciplina artística? La respuesta cae de madura: con producción creativa. Individual o colectiva, interpretativa o compositiva, disciplinaria o interdisciplinaria.Hasta se podría proponer una monografía sobre la experiencia subjetiva desde esa misma producción. Pero una tesis divorciada de esa realización… no.

No tengo palabras para hablar de las tutorías.

Me falta la tesis.

Mayo de 2019